jueves, noviembre 30, 2006

If I don't get Back Home

El siguiente texto lo escribí una mañana gris no hace demasiado tiempo. Lo escribí porque necesitaba hacerlo. Por eso lo posteo.

Intenté redactar un texto introductorio, pero quizás lo mejor sea dejarlo sin más.


Mi tesis es que la felicidad es como una araña. El objetivo de ésto es explicar porqué y porqué ya no soy tan feliz como antes. ¿Cuándo es antes? ¿1 día? ¿1 mes? ¿1 año? Yo situaría la época hace 2 meses. Poco antes de comenzar Octubre.

Pero volvamos a mi tesis. Quizás parezca extraño, por mi aire más bien despreocupado, pero la idea de la que partiré es que el mundo es, simple y llanamente, una mierda.

Sí. Es poco aconsejable (que no imposible) pensar que todo irá bien siempre, porque lo más seguro es que sea mentira.

Lo que yo hago, desde que tengo uso de razón, es dividir la felicidad por las áreas de las que ésta proviene. Éso es lo que me imagino como una arañita sujetada por sus patitas.

¿Cuál es la ventaja de esta visión? Sencillo. No todo tiene porque ser perfecto. Si una de las patas flaquea la araña puede volcar su peso sobre las restantes mientras su pata herida se cura.

De esta sencilla e infantil manera logré sobrevivir hasta ahora. Si algo no funcionaba simplemente me apoyaba en el resto de cosas para ir tirando mientras lo otro se arreglaba (por mis medios o por otros).

Una vez expuesta la tesis pasemos a la explicación pertinente de qué coño es esto. Antes del verano mis patas eran bastantes:


  • Asignaturas interesantes.

  • Trabajo motivador.

  • Ella.

  • El Proyecto.

  • Ocio (Amigos, cine, libros...).



Pero a partir de Junio comenzó el cambio.

Las asignaturas y el trabajo motivador desaparecieron por diversas circunstancias. Se me cortaron la mitad de las patas. Sin embargo las patas restantes me daban mucha felicidad.

Me encantaba hacer el PFC. Me encantaba leer, hablar, ir al cine... Y ¿qué voy a decir de Ella?

¿No había malos momentos entonces? Claro que sí. Cuando una pata adquiere importancia es inevitable que sus renqueos te afecten más gravemente. Sin embargo el equilibrio existía. Yo era Feliz.

Llegamos al presente, a un efecto no observado con anterioridad.

Han vuelto las asignaturas interesantes. El máster está resultando ser una auténtica maravilla (toquemos madera). Temas interesantes, bien tratados por gente que le interesa y que sabe.

Ha vuelto también el trabajo. El trabajo no es malo. Me tratan bien (bueno, los de la Universidad no, pero eso es para otro post), aprendo a hacer cosas, son flexibles con el horario... pero no me siento tan motivado (ni de lejos) como en el del año pasado.

Quizás alguien me diga que no tengo derecho a queja si realmente estoy bien, y cuando me preguntan por el trabajo intento hacerle justicia, pero no puedo evitar sentirme así.

Cumplo con mi trabajo, es mi obligación, y en ocasiones lo hago con una sonrisa, pero no con el interés y la pasión del año pasado (que me llevaba a dedicar muchas más horas de las obligadas) y eso lo noto.

A Ella la sigo teniendo, pero para Ella tampoco es una época fácil y nos necesitamos el uno al otro

El efecto nunca observado que antes comenté es que una pata, aparentemente buena, pueda convertirse en mala, o que incluso patas que no existan te duelan.

El Máster es interesantísimo, pero el trabajo me come el tiempo que querría dedicarle. No puedo programar durante 6 horas para luego ir a clase 3 más y trabajar otras 5 horas (14 horas). Físicamente hay tiempo, sí. Pero anímicamente no, y eso me vuelve a corroer.

Y no hablemos de mi liberta de proyectos. La tengo totalmente abandonada con un par de idas, un borrador de mail que nunca mandaré y que no hacen más que recordarme que hay cosas que me gustan y no hago.

Qué decir del tiempo de ocio... Si el trabajo me quita tiempo para el Máster, entre los dos hacen que lleve más de un mes para terminar "El Proceso", haber visto una película (quizás dos) este mes y haber quedado con mis amigos en 2 o 3 ocasiones.

Los pocos momentos de felicidad vienen cuando Ella está bien y me puedo olvidar de todo un rato. Apoyarme en Ella.

Por eso noto esa diferencia cuando Ella está mal, por que es la única pata en que me puedo apoyar y cuando Ella me falla apenas me llegan las fuerzas para hacer que Ella pueda apoyarse en mí.

Y por ésto, últimamente, siento que no soy tan feliz.

5 comentarios:

Esfer dijo...

+1.

Pero mis asignaturas no son tan interesantes... claro que mi trabajo del año pasado tampoco era tan motivador.

WaaghMan dijo...

Pues a mí me pasa justo al revés. El trabajo me gusta (aunque en lo que estemos ahora sea un poco puñetero), y es la carrera la patita de la que cojeo :\.

Parece una constante en todo el mundo este año... Pero seguro que todo se arregla.

ROCH dijo...

Yo llevo toda la vida así y solo se me pasa cuando tengo algún proyecto nuevo entre manos (cerveza, videojuegos y literatura a parte).

A lo mejor tu y Ella deberíais buscar algún proyecto motivador que encarar en pareja.

Anónimo dijo...

Una reflexión (quizás un poco larga): supongo que "tiempos buenos" y "tiempos malos" vivimos todos, algunos son objetivamente malos y otros son malos tan sólo porque los sentimos malos, no porque ocurran cosas verdaderamente "malas". En cualquiera de los dos casos, suele pasar que "la temporada mala" se extienda mucho más de lo natural porque "nos empeñamos" en que así sea. Solemos tener, en esos momentos, esa vocecita en nuestra cabeza, esos pensamientos repetitivos de "jooo, esto es un rollo!...todo es una mierda...todo me va mal!". ¿Y qué pasaría si dejáramos de hacerle caso, si la dejáramos estar ahí pero no diéramos tanta importancia a "lo que dice", si el tiempo que empleamos en "escucharla" y darle vueltas a lo que dice lo usáramos en estar con todo la concentración, con todos los sentidos, en la conversación que tenemos con alguien o en lo que estamos haciendo en este mismo instante, sea lo que sea? No digo que sea fácil, en general estamos mal acostumbrados, pero cuando te das cuenta que puedes hacer más de lo que crees por vivir tu vida como quieres (casi todo el mundo, con mayor felicidad, no?), empiezas a darte cuenta de que no estás tan a la deriva de tus vivencias, de las situaciones que "te toque" (o que elijas) vivir. Que tu sonrisa depende mucho más de ti que de lo que vivas. Que las patitas de la araña son dinámicas (crecen, se hacen más grandes de lo que esperabas o desaparecen cuando creías que siempre estarían allí), pero tú seguirás ahí siempre, y siempre con la oportunidad de vivir cada momento con toda tu atención, con toda la intensidad, sin pararte a comparar con el pasado, sin pararte a pensar, sólo viviendo y captando todo lo que te esté queriendo aportar esa vivencia. Bueno, así lo veo yo desde hace más bien poco tiempo. Sólo quería compartirlo :)

Anónimo dijo...

Vimos entre constantes subidas y bajadas... Creo que es inevitable.