viernes, enero 07, 2005

Londres - - Londres bien vale una moza

Tras 3 horas de viaje en avión (2 si contamos el viaje en el tiempo llamado huso horario) llegamos a la primera etapa del viaje. Londres.

Caminar por el aeropuerto no es nada espectacular, así que simplemente vamos diciendo nuestras tonterias de siempre. Me doy cuenta entonces (sí, no lo hice antes) de que me pasaré 5 días con una persona (si bien "2" los pasamos con un tercer amigo) y me doy cuenta de lo horrible quepodría ser que me entrara una de mis etapas depresivas y asociales o que no resultara lo suficientemente interesante/entretenido como para ser un buen compañero de viaje.
Mi acompoñanate sigue riendo pero yo me comienzo a agobiar por la carga moral. Sacudo al cabeza y continuamos. El guarda mira mi DNI sin parte delantera y lo pasa por un detector de algo.

Caminamos 5 pasos más y estamos en otro país... insintivamente cogemos un mapa de la ciudad, para noperdernos. El mapa es cutre y simplón, no sirve de nada.
Nos montamos en un tren que nos llevará al corazón de la ciudad tras una media hora de viaje, salimos de la estación del aeropuerto y entramos en Londres.

No podría describir mi sensación en aquel instante ni aunque supiera escribir y no me dedicara a aporrear el teclado. Lo primero que vi fue una deliciosa casa antigua, de colores blanco y marrón (que debido a mi falta de visión para color podría ser negro) cuya parte más lejana se difuminaba en la intensa niebla que la rodeaba (y quizás algo de la suciedad de los cristales).
El tren sigue. Viejas iglesias. Maravillosas callejuelas. Todo sumido en la niebla londinense. Mi devoción por los relatos de Sherlock Holmes me hace adorar ese paisaje nebuloso. Me parece vivir en la época de Conan Doyle, sea cual sea.

Llegamos a la estación. Declinamos la opción de ir en metro hasta la parada del bus. Tenemos unas 6 horas para cogerlo, caminemos y disfrutemos por la ciudad.
Salimos por esa maravillosa estación y llegamos a la calle. Creo que fue la primera vez que me gustó una ciudad, una calle. Es decir, Oviedo me gusta, no digo que no. Tiene calles bonitas. Pero nunca me llegó a gustar nada de Oviedo como me gustó aquella primera calle londinense, cuyo nombre ni siquiera recuerdo.

Comenzamos a caminar, hacia cualquier lado. Visitamos el primer parque de Londres, con un arbol diseñado por Tim Burton. La gente come sentada en los bancos. Camina por la calle. Todos parecen millones de veces más interesantes que cualquier ovetense que me pueda cruzar.
Miro a mi alrededor y me encuentro con mi amigo, del que me había olvidado, con la cara "desencajada". Seguimos caminando. Señalamos a los edificios, las estatuas, las cabinas, los autobuses, los carteles de las calles. Tan solo el rtaqueteo de las maletas estropea este momento.

Tras un rato de caminar nos paramos. Entramos en un café donde tomamos un enorme café con una enorme ración de canela. La gente se sienta en cómodos sofás. Gente que no se conoce de nada se sienta en la misma mesa y, simplemente, se ignora. Atiende a sus conversaciones.
Y me doy cuenta entonces de que la gente a mi alrededor no me entiende nada. Había visto a extranjeros en oviedo y les había esuchado hablar. La situación en sí me gustaba, pero ser yo el que no era entendido era mil veces mejor. nadie escucharía mis tonterías, nadie podría juzgarme, porque sencillamente nadie me entendía.

Nos vamos del café, que por cierto era una sucursal de una cadena de cafeterías, nada de un extraño café londinense, y que además era un punto de conexión Wireless.
Seguimos caminando, flipando en colores. No hemos comido pero da igual.

De repente nos damos cuenta. la hora. Vamos a perder el autobús. Buscamos un mapa y tratamos de situarnos. Hemos dado vueltas en espiral alrededor de la estación. Sacamos los billetes. La estación no aparece en el mapa. Preguntamos. Nadie sabe qué es eso.
Vamos a una estación de autobuses y un chico que hablaba 3 idiomas llama por teléfono a la central para tratar de localizar la estación. Nadie sabe a ciencia cierta donde queda, pero creen saberlo. Nos dicen que cojamos la linea 105.
Preguntamos al conductor de dicha línea y amablemente nos informa de que debemos esperar al siguiente 105. Nadie pone malas caras.

Pero el tiempo pasa. preguntamos a un taxi y nos dice que no podrá llegar, nos recomienda coger el metro. El siguiente metro pasa demasiado tarde. Volvemos al bus, lo cogemos.
El autobús se mueve con buen ritmo. Llega a las paradas 3 minutos antes de lo esperado pero, jodida puntualidad inglesa, espera esos 3 minutos a otros viajeros. Llegamos a la estación. El autobús ha partido sin nosotros. Estamos sin autobús, sin manera de contactar con el tercer amigo que nos espera y en un pais ajeno.

Todo esto por haber parecido Paco Martínez Soria durante unas 4 horas y haber dado vueltas maravillados por una ciudad donde llegabas a sentirte pequeño y donde la gente no trabaja, les pagan por salir a pasear.

7 comentarios:

WaaghMan dijo...

Por lo que veo, desapareció el reloj de vuestras muñecas durante 6 horas :).

Perdona mi indiscreción, pero... ¿qué significa el título?

ROCH dijo...

Supongo que vendrá a colación del apunte final sobre Paco Martínez Soria.

Tania-chan dijo...

¿A que mola Londres? La verdad es que no me importaría irme a vivir a esa ciudad-museo en alguna futura etapa de mi vida.

Digo ciudad-museo básicamente porque en cada calle, en cada esquinita, en cada (a primera vista) poco interesante lugar siempre hay algo que ver, alguna reliquia de la historia, algún bar interesante ... algo que, en fin, merezca la pena ser visto.

De todos los sitios que he visistado en el extranjero, me quedo con Londres sin duda (a pesar de la magia de Irlanda, de la luminosidad canadiense, del encanto tunecino y de la romántica Francia).

Saludoss

PD: joer, siempre la cago con "extranjero". Que noo, Ithilien, que no es con "g"!!

Abe dijo...

No digo que no sea bonita, no. No digo que la gente no sea más interesante, que lo será. Pero estás a un paso de "ahivá! Un perro!"

Bah, en el fondo sabes que es envidia

Dulivan dijo...

No es envidia, sino ganas de ir a esa supermegamagica tienda... la proxima vez que vayamos pienso desfasar algo.. y traerme recuerdos...

El Aprendiz dijo...

¿Usar un "la proxima vez que vayamos" no deberia implicar haber estado ya alli algna vez? Creo recordar que no fuiste :P

Abe dijo...

Ya lo creo que no...

(léase como lo dice Homer a propósito del choque del Halley contra la luna)