lunes, abril 03, 2006

El Principito

¿Ahora lees libros infantiles?

Y es que ayer sobre mi mesa no había ningún libro sobre Física, Biología, Patrones de Diseño ni Códigos ocultistas, sino El Principito.

Quizas todos conozcais ese libro, pero hasta hace no mucho pertenecía a esa lista de libros que uno debería leerse ya desde bien pequeño, para tener presente en su crecimiento, pero que un servidor había ignorado. Ahora pertenece a esa lista de libros que uno debería leerse ya desde bien pequeño, para tener presente en su crecimiento, y que un servidor se lee cuando llega a la cumbre, se supone, de su crecimiento.

Y es curioso, porque sí es un libro para niños. Su argumento es sencillo, simplón. Nada de giros extraños, nada de misterios. No hay persecuciones, no hay sexo ni drogas. No analiza. Sin embargo, pocos adultos, pocas Personas Grandes, podrían llegar a entenderlo.

La mayoría de ellos dejarían el libro, el cuento, en sus primeras páginas, cuando el protagonista trata de dibujar corderos o boas con elefantes dentro. Resulta todo demasiado... infantil.

¿Por qué si llevo leyendo toda mi vda nunca había leido este libro? Bueno, eso también es sencillo. Cuando un niño entra en una biblioteca, la cantidad de libros a digerir es muy superior a su capacidad. Lo ideal sería tener un guía alguien que te enseñe lo que puedes ver, lo que puedes aprender. Pretender tener eso en el colegio (y eso que quiero a Luisa) es algo ridículo. Pretender tenerlo en mi casa, para que engañarnos, también.

Así que un niño con ganas de aprender crece sin guía, y se pierde cosas como estas. Es algo normal después de todo. Vas dando tumbos hasta que comienzas a llegar a cosas que realmente te gustan. Es gracioso que entonces comiences a apreciar las cosas que fuiste dejando atrás y que no supiste apreciar.

El libro es todo un compendio de cosas maravillosas. Un libro que me apena haberme leido con ansia, como hago ultimamente con los pocos libros que consigo leer, porque me da la impresión de que me debería haber recreado más en sus páginas.

Pues eso, que vuelvo un mes y medio más tarde, simplemente para recomendar este libro. Otro día quizás me anime a ahondar un poco en algunos pasajes suyos. Puede parecer un post soso y carente de contenido pero, como casi siempre, lo que realmente interesa, es lo que no se ve.

6 comentarios:

WaaghMan dijo...

Ese me lo hicieron leer a mí en filosofía de no recuerdo qué curso, explicando todas las implicaciones filosóficas y comparaciones del mundo real que encontrase en el libro... PUAJ. Y punto.

ROCH dijo...

Niño, no se dice "puaj" se dice "no me gusta".

Guti dijo...

Lo de obligar a los alumnos a leer un libro y darle vueltas con comentarios de texto supongo que lo hacen con la mejor intención, pero claro... No siempre funciona.

Yo tuve la suerte de leer "El Principito" cuando tenía 9 años o así, porque fue el premio en un concurso de dibujo de la escuela. Es otra forma de empujar a la gente a leer :-) Me encantó, pero me gusta más de mayor. El año pasado lo leí también en francés y en asturiano :-)

Soy de lágrima más bien difícil, pero reconozco que al releer el episodio del zorro (ya no me acordaba) estuve a punto de echar la lagrimilla.

Como todos los libros, supongo que no es para todo el mundo. Pero para mí es una obra de arte. Me alegro de que lo disfrutes, aprendiz.

Byrrell dijo...

El episodio del zorro "es"

Dani dijo...

Acabo de leer el post en Planeta EUITIO y no pude resistir la tentación de poner un comentario uniéndome a la recomendación. Fantástico libro.

Antón dijo...

Pues ya que hablan del Principito les sugeriré visiten un blog que descubrí casual

http://isidrosaiz.blogspot.com

Les mando un lindo cuento que saqué de allá y viene al propósito. Se titula


NO ES PALABRA



Esta mañana he vuelto al tiempo, clase de francés, trece años, en que Marie dice “vamos a leer Le Petit Prince”. Es un libro raro, con emociones conocidas que creía inexpresables. Cada día un par de páginas, pero ahora es imposible parar. Necesito leerlo entero, buscar en el diccionario las palabras que ignoro. Sin embargo, baobab no viene. Pregunto a Marie y me dice “no es palabra francesa, es un árbol africano”.

Fue a causa de los baobabs que el Principito vino a la Tierra. Necesitaba un cordero que comiera los brotes de baobabs, antes de que éstos creciesen e hicieran reventar su asteroide.

Esta mañana hemos hecho la comprobación. Esos pequeños monos se avisan entre sí cuando ven un depredador: si quien ataca es un águila emiten un sonido para que sus congéneres se oculten en los arbustos; si quien viene es un felino vocalizan otro grito distinto para decirles que trepen a un árbol. Algunos zoólogos las llamamos protopalabras. Y esta mañana, desde nuestro puesto de observación, lo he oído. Al ver acercarse una leona, el mono ha movido sus labios y ha dicho claramente baobab.