lunes, febrero 07, 2005

Febrero - - A Tired Cavalier

El Caballero avanza, llevado por su valiente y nunca cansado caballo. El tiempo ha pasado desde la última batalla y ya no esta seguro de poder sobrellevar con éxito esta dura prueba a la que el destino le enfrenta una vez tras otra.
Su mirar es triste, su aspecto cansado y su corazón viejo. Si bien aún no ha llegado a la madurez ya se siente un anciano.

Levanta la cabeza y ve lo que tiene ante sí. Se encuentra en un valle. Los bosques le rodean. Su objetivo, como casi siempre, se encuentra al otro lado de la colina. Una nueva cuesta que no hace más que añadir cansacio a sus piernas y dudas a su mente.
Mira hacia atrás y ve a sus hombres. Centenares de personas que le siguen, no solo fieles, sino esperanzados por ver de nuevo su figura cabalgar. ¿Durante cuanto tiempo podrá este viejo caballero sobrellevar esta carga?

Mientras esta duda se resuelve de la única manera que se puede hacer, nuestro caballero sigue su marcha.

Entre sus fieles, dos de sus mejores amigos, presentes en todas las batallas que puede recordar este hombre de flaca memoria, sienten miedo.
Su amigo no atraviesa una buena época. Hace meses que no logra dormir, asediado por pesadillas, inquietudes que son incapaces de traducirse en nada más real que un sueño. Le han visto derrumbarse, falto de energías, mientras trataba de levantarse, rechazando manos ajenas que le ayudaran. Solo en sus manos puede confiar.

Nunca se habían sentido traicionados por la falta de confianza, pues sabían que de nada serviría. Su amigo quería enfrentarse a éso solo. Cuanto mayor era el desafío, cuanto menor eran sus energías, más rechazaba la ayuda.
Durante un tiempo fue la reconstrucción de su reino lo que le ocupó. Sin tiempo para descansar comenzó a ampliar su capital.
Si algo deseaba ardientemente el Caballero era no mostrar las penurias que antiguas guerras habían provocado y asegurarse de que las nuevas no impidieran su crecimiento, no como Caballero, sino como Persona.

Por eso la trágica noticia de la revuelta en los valles de ATliCán agudizó la debacle. Había tratado de huir de ella. Había intentado construir algo sólido. Pero la Guerra volvía a sus puertas.
¿y porqué? Para sus dos amigos todo está bien claro. El poder es demasiado atrayente. No importa que para el Caballero sea su maldición ni que le estuviera absorbiendo la vida, aquel que no tiene poder, lo quiere. ¿pero acaso son ellos testigos fiables?

Nuestro Caballero nos contaría otra historia. Nos hablaría de un Conde, perjudicado por el Caballero, que trataba de vengarse destrozando su obra. Poco le importaba al Conde la vida de su enemigo. Poco le importaba, incluso, su poder.
El único objetivo del Conde era aquello que no se podría reconstruir. No era material, ningún arma podría herirlo y ningún hechizo lo haría palidecer.
El único objetivo eran sus valores. Todo en lo que el Caballero creía corría peligro, mientras no se enfrentara con el Conde.

Así, tras recibir la noticia, el Caballero se debatió entre la seguridad de sus hombres, o la seguridad de aquello en lo que creía. Hasta que primaron sus responsabilidades y su ejercito de nuevo volvió a marchar.
No obstante, su irresponsabilidad le llevó a dejar en su ciudad a la mayoría de sus hombres. Solo unos pocos centenares de valientes atajarían los planes del Conde.

En opinión de sus amigos, esos centenares serían pocos para atajar a los pueblos de ATliCán, famosos por su habilidad para luchar cuerpo a cuerpo en sus tierras. Un pueblo aparentemente inofensivo, que siempre deparaba grandes sorpresas para los invasores.

Pero nada de esto contaba a ojos del Caballero. Antes morir que ver su sueño saqueado de nuevo por aquello que más odia. Antes morir que vivir con la certeza de que las cosas podrían haber ocurrido de otra manera pero él no se atrevió a afrontarlo.

Los dos amigos hablan cuando el ruido les hace callar. Centenares de pájaros vuelan de los árboles de los bosques más cercanos a la cumbre. Los arqueros preparan sus flechas, los soldados desenvainan sus espadas y los caballeros preparan a sus monturas.
El Caballero levanta la cabeza.

De los bosques salen los primeros combatientes. Aún no superan en número el preparado ejército del Caballero.
El choque ocurre pronto y los soldados, alentados por los dos amigos, contraatacan, deshaciéndose de sus enémigos sin dificultades.
La formación se ha roto y los soldados más expertos tratan de contener a los más jóvenes. Es entonces cuando se oyen los cuernos. Atronadores como los caballos de los Dioses, si tuvieran, los bosques comienzan a retumbar mientras de todas direcciones los enemigos rodean al ejército.
El Caballero permanece sentado sobre su montura, observando como la Trampa se cierra.

En un momento llega la tormenta. Los hombres caen por doquier, sinónimos de un pudo ser.
Nuestro Caballero se defiende sin problemas y por fin reacciona. Consigue agrupar a una docena de héroes y comienza la batalla.

Por fin todo terminó. Las bajas han sido mayores de las previstas, pero la amenaza ha sido reducida. El cuerpo sin vida del jefe ATiClanita yace junto a los dos amigos, que le observan ya sin temor.
Los hombres buscan supervivientes, amigos y familiares que poder ayduar, pues en esos momentos todos son de la misma familia.

En la lejanía, unos cuernos anuncian una llegada.

La batalla terminó, ¿dónde está el Caballero?

5 comentarios:

Dulivan dijo...

Caballero, traigo nuevas del caballero del Escudo Quebrado.

No puede venir a combatir con vos, sus tierras han empezado a ser saqueadas por los pupilos del hechicero Ortiner y sus esfuerzos radican en contenerlos de momento, pero llegado el momento se unira a vos y vuestro séquito, ais que tened esperanza!

ROCH dijo...

Tampoco yo estaré a vuestro lado para combatir al Conde, aunque probablemente sea lo que más desee.

Nuevamente mi exceso de confianza me ha hecho errar mis previsiones y nisiquiera los refuerzos que tan amablemente me enviasteis pueden servirme ahora.

En cambió volví a centrar mis fuerzas sobre la discreta amenaza del alquimista Jetno.

Y precisamente en su discrección reside su fuerza. Nuevamente mis planes pecaron de un exceso de confianza y hace unas horas he sufrido una humillante derrota en los llanos del Primero. Será la última.

En cualquier caso, en estos momentos debeis estar en camino hacia las oscuras tierras del Conde, donde nada es lo que debiera y las palabras se convierten en polvo. Que el Logos os guie y tengais éxito allí donde yo nisiquiera fuí a pelear.

WaaghMan dijo...

Marche tranquilo, mi Caballero, que yo y mis hombres protegeremos vuestro feudo mientras marcháis en pos de sofocar la rebelión en comarcas lejanas.

Abe dijo...

Pero qué mal que estáis :P

Mereció la pena comerse tanto el coco estos días?

Kilian dijo...

¡Que enciendan ya, las almenáras!.

Mi señor que haceis ahi parado. ¡A fe que es impropio!.

¿Que no se encuentra bien?.

¡Que es la enfermedad para el cuerpo de un caballero andante!, ¡que son las heridas!. Mil veces que caiga debera levantase y volver a luchar; y ¡Ay del truan!.

Me hablasteis de un sueño y de un ideal: Que hay que luchar, que no importa vencer o perder, sino seguir ese ideal. De saber enmendar el error, de vencer al invicto rival y de soñar, lo imposible soñar...

¿Desventuras? ¡Aventuras Caballero!, ¡Aventuras!.

El clamor de la gloria nos llaman a luchar. Que los vientos con furia empujen nuestros pasos, alla donde quiera el azar.

¡Por la fe, la virtud y el honor!