martes, enero 29, 2013

El Secreto (I)


En Spectro hay una estatua que sus habitantes tienen en bastante estima pues muestra una de las lecciones más importantes del pueblo.

Esta estatua no tiene un bonito pedestal con su nombre grabado. De hecho no tiene ni nombre, excepto algunos apelativos que los habitantes del pueblo le han dado a lo largo de las generaciones.

No conmemora un hecho glorioso, no representa a un héroe ni posee un aire épico. No está en medio de un camino donde pueda ser bien vista. No está adornada con flores para que pueda ser admirada por los turistas que llegan al pueblo. No.

Si en una oscura noche con niebla te toparas con ella la podrías confundir con un oriundo que vuelve de su taberna preferida hacia su casa. Sólo al darle un saludo y no recibir respuesta alguna repararías en su pose, estática, con las piernas demasiado estiradas, como si al correr le hubiera ocurrido algo y se hubiera estirado por el dolor, con los brazos en jarra como si le fueran a abrazar, y su cuello torcido mirando para la pared de una casa.

Al acercarte, preocupado por uno de tus conciudadanos, descubrirías que estás ante la imagen pétrea de un joven de veintipocos años. Un joven con los ojos tristes y las cejas levantadas, como si hubiera recibido una triste respuesta a una ansiosa pregunta, con la boca entreabierta, como quien acaba de descubrir un secreto importante y duda al contarlo.

Esta estatua, como casi cualquier rincón en Spectro, tiene su propia leyenda que se cuenta, como todas las leyendas en Spectro, como si fuera la más indudable e irrefutable de las verdades. Porque ésta es la única manera en que puede haber pasado. Aunque cada habitante cuente su versión de la leyenda.

La leyenda comienza en Las Grutas del Ser, unas grutas cercanas a Spectro pero ignoradas por la mayor parte de sus habitantes. Pocos son las que las han visto o los que sabrían guiarte. Y menos aún los que se aventuran a entrar.

No debe entenderse que nadie ha entrado en ellas, pues muchos lo han hecho. Pero aquellos que lo hacen ya no son habitan en Spectro y, por tanto, solo unos pocos habitantes se atreven a hacer tal expedición, hasta el momento en que dejan de ser sus habitantes.

Cuentan que aquellos que entran se pierden y nunca logran encontrar el camino de vuelta. Hay quien asegura que hay salidas muy lejos de Spectro y que esa gente, al perderse en el interior, siempre encuentra una de sus salidas que, para su desgracia, les deja muy lejos de su lugar de origen.

También hay quien cree que de la gruta no hay más salidas, sino que la gente se queda en el interior de las grutas, atrapada, viviendo en una exacta copia de Spectro que confunden con el original pero que, evidentemente, es más lúgrube y triste que el auténtico Spectro.

Esta teoría se ve apoyada por el sorprendente hecho de que, de vez en cuando, salen personas de las grutas. Estas personas son desconocidas, aunque ellas insisten en decir que son habitantes de Spectro. Sin embargo, cuando son interrogadas no logran recordar detalles tales como sus propios nombres o a otros habitantes de Spectro.

En lo que todas las personas de las grutas coinciden es que el Spectro en que ellos vivían era más clálido, más alegre, más rico. Es por eso que todos se marchan a los meses de haber llegado, sin dejar rastro, en busca de ese otro Spectro en el que ellos habían vivido.

¿Por qué entonces la gente esquiva esas grutas? ¿Por qué ni siquiera los más intrepidos y aventureros niños, esos que escalan árboles y juegan en el oscuro bosque, se atreven a curiosear? Hay 2 razones para ello.

En primer lugar, aquel que entra en las grutas nunca vuelve a Spectro para vivir allí, cosa que todos los habitantes de Spectro ansían por encima de todo.

En segundo lugar, existen leyendas, como la que ahora debemos contar sobre la estatua que en una calle de Spectro está con las piernas demasiado estiradas, los brazos en jarra, el cuello torcido, los ojos tristes, las cejas levantadas y la boca entreabierta.

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