sábado, septiembre 17, 2005

La leyenda del Niño Espejo

Me rindo, no puedo hacerlo mejor. He tratado de plasmar en papel esa historia con tintes a "pesadilla antes de navidad" que hay en mi cabeza, pero no lo consigo.

Dado que este año se iban dos personas muy importantes en mi vida no quería hacer posts en los que desnudase mi alma repetidas veces, como hice el año pasado en el post correspondiente, y lo enfoqué más desde el punto de vista de una serie de historias.

La marcha de G dará lugar a un post futuro que también tengo en mente, pero quería empezar por orden cronológico de conocimiento. Además, todo parecía sencillo en este caso. Mi extraña relación de amistad con M dió lugar al concepto del niño espejo hace ya tiempo.

¿Que en qué sentido es extraña? Pues ya lo dice el relato (si es que al final no lo quité por no conseguir acabarlo). Normalmente la gente mantiene sus amistades por cosas como gustos comunes, intereses afines, esas cosas. No es así en este caso, o al menos no del todo.

El siempre fue una persona mucho más artistica y sensible que yo. Si tuvieramos que reducirnos a estereotipos de alguna serie o película, yo sería el cerebrito que lo reduce todo a física y matemáticas (el Sherlock Holmes, salvando las distancias de genio e irrealidad de existencia), mientras que el sería el artista romántico, más alejado de la razón y más del lado del hemisferio de las emociones.

Quizás precisamente fueron estas diferencias lo que durante tantos años ha hecho que lograramos superar todas las etapas de nuestra amistad, en algunas de las cuales la separación fue mayor que en otras. El hecho de que, no importa durante cuanto tiempo no habláramos, sabíamos que el otro iba a estar ahí, y que quizás no entendiera nuestros problemas, pero que siempre nos escucharía como si la vida fuera en ello.

La llegada a la Universidad fue un paso más en direcciones opuestas, que finalmente nos ha traido a la situación en la que nos encontremos, pero en aquel tiempo ¿quién lo sabía? Simplemente era la elección de una carrera.

Y en estos años la cosa no mejoró demasiado. Quizás fuera por el estar al final de nuestra adolescencia (en la que no creo haber entrado), pero nuestras posiciones en la vida se fueron radicalizando. Él fue acercándose más al lado artístico, sin abandonar del todo la Ciencia, que por algo estudia biología, mientras que yo me radicalizaba más en mi visión científica.

A veces, cuando me encuentro deprimido, me pregunto si no habría hecho mejor no separándome de él. Al fin y al cabo, la Biología me gustaba y era una de mis opciones de estudio. ¿Por qué no haber escogido el camino cobarde y haber ido al Cristo a estudiar animales y plantas? Quizás hoy no estaría yo en esta situación.

Pero luego miro atrás y me doy cuenta de que nuestra amistad siempre se ha cimentado sobre nada. Lo que se podría llamar un castillo en el aire, eso es lo que es. Porque no necesita cimientos. Siempre hemos caminado nuestro camino y siempre hemos disfrutado de la presencia ajena.

Yo opino que él siempre fue más social que yo. Tenía gran facilidad para hacer amigos. Recuerdo que alguna vez alguien me preguntó si no me molestaba, si no estaba celoso por la llegada de nuevos amigos a su vida. Sin embargo, él me ha mostrado a personas geniales que por mi mismo me habría perdido, entre los que se cuentan el ya nombrado G, pero también otros insignes, el más famoso de los cuales recibirá el nombre de L.

Su sociabilidad le llevó a desarrollar nuevas amistades en su facultad que han desembocado en sus nuevas compañeras de viaje (J y Ma).

Y esto nos lleva a la última época, dominada por un pequeño bar cercano al centro y con nombre de felino, en el que las veladas de los sábados e han convertido en momentos de interés altibajos, para que lo vamos a negar. Y es que hasta las amistades más antiguas pueden sufrir por la rutina.

Sin embargo en los últimos tiempos esas veladas me estaban resultando mucho más interesantes (quizás influenciado por sentir el fin tan cercano) y sin duda que las echaré de menos en los tiempos venideros.

Con esto no quiero decir que no tenga amigos con los que tener mis buenas charlas y tardes de entretenimiento. Sin embargo, cada vez son menos aquellos que pertenecen al ámbito no puramente científico y que me pueden mostrar las maravillas de otras maneras de ver el mundo. Y no me refiero al hecho de ser informáticos, la mayor parte de los informáticos que conozco tienen más cerebro que mis compañeros de colegio, sino a la mente más artística.

Sí, porque yo nunca sabré apreciar las maravillas del cine oriental de finales de los 60 y rara vez me veré realmente emocionado por un dibujo cualquiera. Sin embargo, me gusta ver que hay gente así, y por eso me gusta mi extraña amistad con mi niño espejo.

¿Pero no debería estar más emocionado? ¿No debería estar sollozando, pensando en esas tarde que, queramos que no, nunca volverán a ser iguales? Nada de un simple mensaje quedando a las 8, nada de sentarnos en la mesa de la esquina con sitio reservado, nada de conversaciones intrascendentes de recuerdos de hace 10 años, nada de conversaciones extrañas sobre cosas poco conocidas.

Como mucho habrá conversaciones telefónicas, pero la gente no llama simplemente para divagar sin más durante horas, cuando las divagaciones comienzan a costar unos euros duelen. Seguro que unos cafés cuando coincidamos de nuevo en Oviedo, o en otra ciudad.

¿Y porqué no estoy hecho un mar de lágrimas? Pues porque el momento de tristeza lo tuve el Jueves (lo siento mucho L, es que no me apetecía hablar, pero eres bueno) y porque hoy he pensado y me he dado cuenta que nuestra amistad ya ha pasado por esto. Que estas oscilaciones en el pasado han sido comunes. Y si bien la separación nunca había sido tan grande, estoy seguro de que los dos podemos contar con el otro cuando haya algo que merezca ser contado, una pregunta que mereca ser hecha o un momento que merzca ser compartido.

Es todo porque he comprendido que esto aún no se ha acabado. Al menos no por mi parte, y creo que en el otro lado del espejo me están tendiendo la mano.

7 comentarios:

WaaghMan dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Abe dijo...

Muy muy muy muy bueno el post. Sólo un pequeño apunte: a veces se me hace molesto cuando no solamente usas iniciales para los nombres, sino que hasta los nicks; llegando prácticamente hasta los nombres de lugares

Pero eso, muy bueno el post. Me gustaría poder escribir algo así

Loki dijo...

Life is fucking twisted...

Anónimo dijo...

El otro lado del espejo esta, como siempre, igual pero al reves....Alejandose del norte de la ciencia, divagando demasiado para encontrar un lugar trankilo, mejor, con ganas de echar de menos las coversaciones trascendentales sobre bases nimias, los comentarios a pie de pagina, el humor familiar (putupumchas!) Pero sabemos q estas cosas no se pierden, ya hemos pasado bastante y, por supuesto, siempre tendras un sitio al otro lado del espejo (momento emotivo patrocinado por OCB)
"Thinkin’ about taking some time
Thinkin’ about leaving soon
I Think I've been wasting my time
thinkin’ about getting out"

Zapico dijo...

Me encantan tus posts sobre la amistad en general... y los de las despedidas en particular.

No suelo hablar y/o pensar en ello pero hace unos años un amigo mío cayó desde un 4º piso y se murió a los pocos días... Hacerme a la idea de que no iba a volver nunca fue algo bastante difícil (todavía recuerdo cuando pensaba en la forma en que describiría las ventanas al pasar) pero ahora, mirándolo bien, fue otro granito de arena para aprender a disfrutar las cosas en su momento ;-).

Cinco minutos más con mi amigo serían los mejores, seguro. Tú tendrás muchas veces esos cinco minutos el resto de tu vida ;-).

Anónimo dijo...

hola hortera!

El Aprendiz dijo...

hola anonimo!

Celebro ver que eres capaz de discernir las letras que aparecen en lo de verificación de palabra, pero si no te importa te agradeceria que no andaras jodiendo los pocos posts emotivos que me salen.