martes, agosto 10, 2004

La Muerte

El enfermo está tumbado en su cama. Tiene la horrible sensación del que sabe que queda poco. No es el pasado, lo que no hizo, lo que le preocupa. Es el futuro, los planes que dejará a medio terminar y las palabras que ya no puede decir.

De repente, algo cambia. Ahora puede abrir los ojos. Se encuentra extrañamente mejor, fuerte, lúcido. Pero al mirar a su alrededor no hay nadie.

La puerta se abre, y una mujer entra por ella. Cierra la puerta, coge una silla y se sienta al lado de la cama sin decir una palabra. Se quita su capuchón negro (el enfermo no se habia fijado en eso) y le mira a los ojos.

M: Buenos Días. Soy la Muerte.
E: ¿La Muerte? ¡Dios Santo! ¡Entonces era verdad! Hay algo más allá... y no supe verlo...
M: No te preocupes ahora por tu futuro después de mí. Aún no estás muerto.
E: ¿No?
M: ¿No puedes hablar? ¿No puedes pensar? ¿No puedes moverte? ¿Cómo podrías hacer eso muerto?
E: No entiendo.
M: Nadie lo hace. Por eso te lo explicaré. - La Muerte se levanta y se mueve repitiendo un discurso ensayado durante décadas - Soy la Muerte. Pero no la Muerte como acto de morir, sino como personaje final de tu vida. Soy la última persona con la que hablarás y razonarás, ahora o en otra ocasión.
E: ¿Otra ocasión?
M: Sí. El mundo no es tan cruel como parece. El ser humano es el único al que su inteligencia le ha conferido una gran libertad. Es libre para tratar de evitar ciertos accidentes de la Naturaleza, por ello se multiplica por todas partes, y la Muerte no es más que otro accidente.
E: ¿Entonces soy libre para elegir vivir o morir?
M: Sí. Ahí es donde entra la Muerte, la trampa de vuestra inteligencia. No podeis evitar coquetear con la duda, y precisamente es eso lo que me crea a mí. El ser que opina que vuestro momento ha llegado, y que lo más sabio es dar paso a nuevas generaciones que renueven el mundo. Darles la oportunidad de controlar su destino, igual que vosotros controlasteis el vuestro.
E: ¿Me vas a convencer de que es mejor morir?
M: No. Te haré recapacitar sobre ello. Lo sé todo, conozco tus inquietudes y juntos las analizaremos. Mis restricciones son que no conozco el futuro y que no te puedo mentir. Esas son las reglas.
E: Pero si es mi elección... puedo elegir no morir, digas lo que digas.
M: No suele pasar.
E: No lo entiendo. ¿Y porque mueren los sabios? ¿Cómo pudo morir Einstein?
M: Estas prejuzgando que lo sabio es no morir. Sin embargo, te diré que Einstein comprendió que aquello que odiaba, la Física Cuántica, parecía ser cierto. Comprendió que su presencia lo único que hacía era entorpecer la Ciencia.
E: Y si sobrevivo puedo contarlo todo.
M: Nunca ha pasado. Si regresan la gente solo logra contar leves referencias a un túnel o un ángel...
E: ¿Se lo prohibis?
M: No. Pero supongo que es algo muy personal ¿no?
E: ¿Y cuando empezamos a discutir?
M: Vaya, pensé que ya llevabamos un tiempo haciéndolo.
E: Pero sobre temas diferentes. ¿Qué tiene que ver esto con mi muerte?
M: Con los años que tienes deberías haber aprendido ya la importancia de los detalles. Lo que parece estar alejado del tema central en ocasiones son túneles que socavan tu muralla y tratan de penetrar en él desde otra perspectiva.
E: Hasta ahora solo me habías hablado de las reglas. Supongo que eso lo haces con todos.
M: La Muerte no es universal. Cada uno tiene la suya. Si no fuera así yo no podría saberlo todo de tí, estarías en ventaja. Te he explicado las reglas como respuesta a tu incansable sed de Verdad. Ahora has respondido a unos interrogantes más, que, al fin y al cabo, es tu aspiración ¿no?
E: Sí. Precisamente por eso no me quiero morir, aún quedan interrogantes.
M: Pero ese es el castigo del filósofo ¿no? "La mayor desgracia del que persigue la Verdad es saber que nunca la podrá alcanzar."
E: "La verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia."
M: "Muchos habrían podido llegar a la sabiduría si no se hubiesen creído ya suficiente sabios."
E: Vaya. Sabes bastantes refranes. Sin embargo yo ya he elegido.
M: Ni siquiera has razonado.
E: ¿Ah no? Quiero seguir respondiendo interrogantes.
M: Sin embargo tú mismo admites que no podrás responderlos todos. ¿Porqué alargar un proceso estéril? ¿Porqué no detener aquí tu vano intento, antes de que te canses y acabes traicionando tan elevado ideal?
E: Detenerme aquí es abandonar mi ideal. No querer dar respuestas a todo.
M: Creeme. Tras esa puerta están todas las respuestas. - En ese instante la puerta de la sala comienza a moverse, pero nada violento, es un movimiento semejante a un latido, que deja ver tras ls puerta una luz -
E: ¿Y de qué me sirven las respuestas si estoy muerto?
M: ¿Y de que te sirven las respuestas si estás vivo? ¿Acaso la sabiduría tiene más objeto que el saber?
E: Una vez que sepas las respuestas tu deber es tratar de enseñarlas.
M: ¿Por eso sigues dando clases como el primer día? La mayoría no quiere saber las respuestas, solo esquivar un suspenso.
E: Pero hay gente que no. Hay gente que arde en deseos de conocer el siguiente escalón.
M: ¿Y les completas? ¿Eres bastante para ellos? Tú, tan sabio como te crees...
E: No he recibido queja alguna.
M: La indiferencia es una queja en sí misma. ¿Cómo puedes decir que transmites verdades si ni el 5% de tus alumnos les dan valor?
E: No recapacitan sobre ello. No es culpa mía, sino del sistema educativo. No puedo perder clases tratando de razonar con ellos.
M: ¿No puedes? Tus manos están atadas por el sistema. Llevas demasiado tiempo en el mar como para tratar de deshacerte de la húmeda prisión. Quizás otros sí que lo lograran.
E: ¿Criticas mi labor?
M: Recuerda que no puedo mentir.
E: ¿Y porqué me iba a fiar? Despues de todo eres la Muerte.
M: Como quieras, pero tu sabes que no miento. A las mentes ancianas les cuesta cambiar su rumbo.
E: No soy anciano.
M: "Ningún hombre sabio quiso nunca ser joven." Jonathan Swift
E: Una frase no es solo verdadera porque la diga un gran hombre. Ellos también se equivocan.
M: Sin embargo siempre los usas. Por lo que veo ellos se equivocan y tu no.
E: Pero no haces más que darme razones para volver. Si estoy equivocado he de arreglar mis errores.
M: Pero ¿lo harás? ¿Acaso nunca habías pensado esto? ¿Acaso no acabas de decir que no puedes hacer nada? Sin embargo nunca has hecho nada por cambiarlo, obsesionado como estabas por tu único fin, saber.Descuidaste todo lo demás.Tus clases siguieron igual, pese a que los tiempos cambiaban. Tu familia se fue alejando. Incluso tu propio hijo, una vez que no podías hacerle creer en tus ideas, se convirtió en otra gris distracción en pos de tu único y verdadero camino, la sabiduría.
E: Eso no es cierto, me seguí esforzando, sigo queriendo a mi hijo. Sigo en contacto con mi familia y amigos. Mi vida no es así.
M: Pero sin embargo eso no significa nada para tí ¿no? Lo único que cuenta es seguir avanzando en los distintos caminos de la sabiduría. No haces esas cosas por los demás. Las haces para ser más sabio.
E: ¿Y hay algo de malO?
M: Nada. Yo te ofrezco la sabiduría. El único camino que te llevará a tu meta. A lo que subyace bajo cada acto, cada elección de tu vida. Está detrás de esa puerta.
E: Pero ¿de que me servirá muerto?
M: ¿Y vivo?

La puerta se cerró. A un lado familiares, amigos y alumnos lloraban desconsolados. Al otro, el cansado profesor lo comprendía todo.

3 comentarios:

ROCH dijo...

Bonito relato.

Además ha sido muy instructivo. La proxima vez que este en el hospital en estado terminal, exigiré que me lleven una escopeta recortada.

Anónimo dijo...

Lo mismo, gran relato.

Pero yo pediré un lanzacohetes (s33t!)

F33r my l33t!

L0k1

Anónimo dijo...

Si la muerte te mira de frente..... ponte de lado