sábado, octubre 02, 2004

Manual de uso de la Amistad

Estoy escribiendo otro post, pero es que el mundo no deja de girar por ello.

Un amigo tiene un problema. No hablo de uno de esos problemas estúpidos (mi dvd no funciona, mi messenger no se abre, mi novia está embarazada y no la quiero...), sino de uno de esos problemas cuya raiz está en el fondo de la persona. Un problema que al ser arrancado se llevará consigo algo, un pedazo de la propia persona, que habrá cambiado para siempre.

Pero, claro está, no voy a hablar de mi amigo, ni de su problema. No voy a nombrarle y espero no dar pistas para sacarlo. Todo eso por respetar su intimidad y, sobre todo, porque no es el tema exclusivo del post.

Esta reflexión versa acerca de la verdadera naturaleza de la verdadera amistad. No esa relación que podemos tener con mucha gente, sino esa otra relación que tienes con unos cuantos y que no se queda en lo meramente lúdico-festivo, aunque así lo parezca.
Es a esa gente a la que podemos recurrir cuando la oscuridad se cierne sobre nosotros, cuando la desgracia espera, con mandíbula de acero, a que asomemos la cabeza para atacar a nuestros puntos débiles.

Por supuesto, eso no ocurre a todas horas (gracias a la Providencia) y, como la fuerza de la costumbre es la más poderosa de la Naturaleza, podemos perder la referencia y caer en el error de ocultar el problema y no compartirlo.

Sin embargo, cuando la luz desaparece es cuando esa gente adqueire su razón de ser. No debemos dduar en acercarnos, usarlos a nuestro antojo para superar nuestros problemas y recompensarles con una mera sonrisa, porque para algo están ahí, y no es para hablar con ellos del pasado, para reirse del presente en la cafetería de la facultad o para pensar en un idílico futuro por el messenger.

Me apena pensar que alguien deje de compartir un problema en el que yo pueda ayudar, persuadido por mi fachada de que solo atenderé a la frase si incluye la palabra átomo.

Hemos de recordar que solo a un amigo le importas lo suficiente como para permitirse ser cruel al dar el consejo, no colocar algodón de azúcar en tus oidos.

Lo dejo porque se me va y soy incapaz de decir lo que quería decir. Blog 31 - Brenes 1.

1 comentario:

ROCH dijo...

Oh, vale, vale. ¡Hagamos que ROCH se sienta culpable por sus ironicos comentarios!

Y yo que todo lo hago por vuestro bien... ¡Desagradecidos!